Me llaman "rojo"
Me llaman "rojo" en la esquina,
en Facebook, X y en el bar,
porque dije que al campesino
también lo debemos escuchar.
Me llaman "caviar" los domingos,
"terruco" de lunes a viernes,
y el sábado soy comunista
porque protesté por las leyes.
Yo crecí siendo de derecha,
de libre mercado y libertad,
ahora parezco bolchevique
por pedir algo de igualdad.
Si critico a Fuerza Popular,
sus fanáticos, con fervor,
me declaran agente cubano,
sobrino de algún dictador.
Si cuestiono a la señora Keiko,
ya me mandan a Venezuela,
aunque nunca pasé de Tacna
ni conozco una sola arepa.
Me llaman "rojo" porque les hago recordar
que hace un tiempo no tan lejano
Fuerza Popular fue reconocido
"organización criminal" por el Poder judicial.
Hasta algunos buenos católicos
con sincera preocupación,
ven a Marx hasta en la sopa
y a Stalin en cada reunión.
Porque aquí ya no hay matices,
ya no existe el "puede ser";
o eres rojo peligroso
o chavista de mal ver.
Me llaman rojo por pensante,
por no aplaudir al patrón,
por creer que la justicia
vale más que una elección.
Me llaman rojo por terco,
por mis memes anti-Keiko,
por creer que un país decente
se construye con su gente.
Y si mañana me preguntan
de qué color quiero ser,
les diré que de los colores
rojo y blanco con altivez.
Porque el Perú no necesita
más etiquetas para odiar;
necesita menos insultos
y más razones para conversar.