A veces es bueno escucharlos. Uno aprende y a la vez podría ayudarlos con unos consejos. Todos tenemos problemas y no muchos se atreven a contarlos. Recuerdo que a mi tienda iban señoras a comprar un lapicero o alguna cosa menuda pero su propósito era sentirse escuchadas, y entablaban una conversación y me contaban sus problemas del hogar. Eso me daba mucha tristeza porque eran gente mayor y me sentia yo en la obligación de darles palabras de ánimos y ayudarles moralmente.