No, es una de las mamadas más grandes que le han vendido a la humanidad.
Pensar en términos de derecha e izquierda es exactamente lo que los políticos quieren que hagas. ¿Por qué? Porque mientras tú estás peleando con tu vecino por ideología, ellos están robando con las dos manos sin que nadie los vea. Es el truco más viejo y más efectivo del poder: divide y reinarás. Y funciona de maravilla porque somos unos pendejos colectivos extraordinarios.
La realidad es que los problemas reales — corrupción, inflación, inseguridad, salud, educación — no tienen solución ni de derecha ni de izquierda. Tienen soluciones prácticas, basadas en evidencia, en datos, en lo que realmente funciona. Pero eso requiere pensar, y pensar es incómodo. Mucho más fácil ponerse la camiseta de tu equipo y odiar al contrario.
La izquierda dice que el mercado es el diablo. La derecha dice que el gobierno es el diablo. Y los dos tienen algo de razón y una chinga de mentiras convenientes mezcladas. La verdad, como siempre, es más compleja y más aburrida que cualquier slogan de campaña.
Lo más cabrón del asunto es esto: la derecha y la izquierda en el poder se parecen muchísimo más entre sí de lo que cualquiera de los dos se parece a ti. Ambos protegen a sus donadores, ambos mienten, ambos concentran poder, ambos te usan como combustible electoral cada cierto número de años y luego se olvidan de tu existencia.
El espectro izquierda-derecha es una jaula mental. Te hace creer que tienes dos opciones cuando en realidad tienes una sola: seguir siendo útil para el sistema.
Un ser humano inteligente analiza cada problema por separado, sin ideología de paquete.
La lealtad ciega a cualquier bando no es convicción. Es pereza intelectual disfrazada de identidad.